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La Gaceta del Intendente

Palacios del Mundo

Palacio de La Moneda, Chile: el taller que se convirtió en palacio

En 1784, en lo que sería la Plaza de la Constitución de Santiago, nadie pensaba en albergar a un jefe de Estado. Allí se está construyendo una fábrica. El arquitecto italiano Joaquín Toesca, ya ocupado en la catedral metropolitana, diseñó un edificio destinado a acuñar la moneda del reino, no a recibir embajadores. La piedra caliza proviene de la finca Polpaico, la arena del río Maipo, la piedra roja del Cerro San Cristóbal, la madera de roble y ciprés de Valdivia. Veinte variedades de ladrillos cocidos en Santiago forman paredes de más de un metro de espesor, diseñadas para proteger cofres, no vidas. Toesca murió en 1799 sin ver terminada su obra; El ingeniero militar Agustín Cavallero culmina el proyecto. La Casa de Moneda de Santiago se inauguró en 1805.

Durante casi medio siglo, el edificio siguió siendo lo que debía ser: un lugar donde el metal se transformaba en autoridad. Porque acuñar dinero, tanto bajo el Imperio español como en el recién independizado Chile, nunca es un acto neutral. Es el Estado quien graba su legitimidad en cada moneda puesta en circulación.

Por tanto, el edificio de Toesca no simboliza el poder por casualidad: crea literalmente su instrumento más tangible, el que pasa de mano en mano, que cruza las fronteras sociales, que lleva la efigie o el escudo de armas incluso a los bolsillos del pueblo.

Fuente: Ministerio Secretaría General de Gobierno

El cambio se produjo en 1845. Bajo la presidencia de Manuel Bulnes, el Estado chileno instaló su gobierno dentro de los muros de la antigua fábrica, sin siquiera descartar por completo sus antiguos usos: allí se acuñaron paralelamente, por separado, hasta el primer tercio del siglo XX. Durante décadas, el mismo edificio habrá fabricado moneda por un lado y gobernado el país por el otro, como si Chile nunca hubiera querido separar completamente las dos acciones.

Fuente: Ministerio Secretaría General de Gobierno

Hay una lección en esta historia que la mayordomía de los palacios conoce bien. Un lugar de poder no necesita haber sido diseñado para el poder. Basta haber sido construido para encarnar un valor, el de la moneda, antes de ser recalificado para encarnar otro, el de la autoridad estatal. La solidez de los muros de Toesca, su espesor diseñado para cajas fuertes, puede leerse hoy como una alegoría involuntaria de la permanencia institucional. Lo que protegíamos ayer de los ladrones, lo protegemos hoy de los golpes de Estado y del olvido.

Fuente: Ministerio Secretaría General de Gobierno

La Moneda aún lleva este nombre dos siglos después de que dejó de acuñar una sola moneda. Chile nunca ha cambiado el nombre de su palacio, como si se negara a borrar rastros de su función original. Un país que gobierna desde un taller reconvertido no tiene nada que envidiar a quienes construyen nuevos palacios para establecer su legitimidad: simplemente ha elegido hacer de la continuidad una arquitectura. Un palacio, antes que poder habitacional, alberga siempre la memoria de lo que fue.

Fuente: Ministerio Secretaría General de Gobierno